viernes, 12 de abril de 2024

 

Parte II Como aprende nuestro cerebro.

Viury Marisa Flores

 

Continuando con lo que menciona Stanislas Dehaene (2019) en el capítulo 2 “como aprende nuestro cerebro” es relevante rescatar que, Según la hipótesis del cerebro bayesiano, venimos al mundo con una enorme cantidad de combinaciones factibles de pensamientos potenciales, es decir no nacemos con el cerebro en blanco, sino que ya poseemos desde el nacimiento, ciertos conocimientos heredados y adquiridos durante la gestación. Esta perspectiva sugiere que el cerebro de un bebe ya posee la habilidad de aprendizaje de las lenguas del mundo, los objetos los rostros etc.

Dehaene hace mención que Rosseau sostenía en su tratado Emilio o de la educación que nacemos con capacidad para aprender, pero sin saber nada, lo que hoy en día conocemos que es falso y que pese a la inmadurez de un bebe ya este tiene mucho conocimiento, solo que permanece invisible debido a que aún no se expresa en el comportamiento primitivo del bebe, sin embargo, de acuerdo a experimentos de Reid y otros, 2017 demuestran que el reconocimiento del rostro inicia desde el útero. Desde el nacimiento un bebe prefiere escuchar su lengua materna que una lengua extranjera, desde el tercer trimestre de embarazo el feto ya es capaz de oír la melodía del lenguaje filtrada por la pared uterina.

Dehaene resalta que El niño nace con un cerebro inconcluso y no con un cerebro desocupado, postulado de la pedagogía antigua. Gaston Bachelard, La filosofía del no (1940).

 

Desde el nacimiento, la corteza del bebé está plegada casi como la de un adulto, subdividida en áreas sensoriales y cognitivas especializadas que ya están interconectadas por haces de fibras nítidos y reproducibles. Consiste en un conjunto de módulos que, individualmente, proyectan sobre el mundo exterior un tipo específico de representación. La corteza entorrinal, con sus células de grilla, traza planos en dos dimensiones perfectos para codificar el espacio y navegar por él. Stanislas Dehaene (2019).

 los investigadores distinguen por lo menos cuatro tipos de memoria.

1.Memoria de trabajo: conserva una representación mental activa durante un lapso muy breve, Esta memoria nos permite retener un número de teléfono en la mente: durante el tiempo que nos insume marcarlo. Este tipo de memoria se basa principalmente sobre la preservación de un patrón sostenido de actividad.

2.Memoria episódica: el hipocampo, Las neuronas del hipocampo parecen memorizar el contexto de todos los eventos: codifican dónde, cuándo, cómo y con quién ocurrieron.

3.- Memoria semántica: los recuerdos no parecen quedarse en el hipocampo para siempre; durante la noche, el cerebro los repasa y los mueve hacia una nueva ubicación en la corteza. Allí, se transforman en conocimientos permanentes: el cerebro extrae la información que está presente en los episodios que vivimos, la generaliza y la integra en nuestra vasta biblioteca de conocimientos del mundo.

4.Memoria procedural: cuando repetimos la misma actividad una y otra vez (atarnos los zapatos, recitar un poema, calcular, hacer malabares, tocar el violín, andar en bicicleta…), las neuronas de la corteza y de otros circuitos subcorticales terminan por modificarse para que la información circule mejor en el futuro.

Al nacer, todos los grandes haces de fibras del cerebro ya están en su lugar. Sin embargo, la plasticidad cerebral puede reorganizar sus conexiones terminales. Millones de sinapsis se modifican cada vez que adquirimos nuevos conocimientos.

Stanislas Dehaene (2019). ¿Cómo aprendemos? Editorial Siglo Veintiuno.

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