sábado, 27 de abril de 2024

 

                                                                                                                         Marco Alan Sánchez Silva

CAPÍTULO 3

Los cuatro pilares de la educación

Stanislas menciona los 4 pilares pilares de la educación, que son la atención, el compromiso activo, la revisión o feedback y la consolidación.

Conocer cómo funcionan los procesos neurológicos en el proceso de aprendizaje permite optimizar la práctica docente, dado que se asimila el conocimiento sustentado científicamente lo que genera conocimiento aplicable en la didáctica del aula y la planeación.

Al respecto Stanislas menciona que “prestar atención, involucrarse, poner a prueba lo adquirido y saber consolidarlo son los secretos de un aprendizaje exitoso” (Dehaene, 2019).

Si los docentes aterrizan la información científica sobre los procesos neurológicos que se llevan a cabo en los estudiantes al aprender, se logra transformar la didáctica del aula, desde aprender a captar la atención, teniendo en cuenta que es un sistema atencional que se conforma de dos procesos, uno como sistema de alerta que genera el prestar atención y otro sistema de selección de  a qué se le presta atención. Así, implementar estrategias didácticas para captar y mantener la atención se posiciona como un elemento fundamental en la práctica docente, dado que es el principio bajo el que se derivan otros procesos subsecuentes que generan el proceso de aprendizaje.

Otro componente de los cuatro pilares de la educación es el compromiso activo. Es un proceso individual que implica evaluar constantemente nuevas hipótesis por medio de la actividad cerebral, un proceso que implica estar atento, concentrado y generando modelos mentales. Es necesario acotar que debe entenderse por actividad a los procesos cognitivos de atención, concentración, generación y evaluación de información, no como la realización de actividad física durante el proceso de aprendizaje. En ese sentido se puede enunciar que no se puede aprender sin un proceso intencional de concentración y selección atencional de la información.

La atención permite amplificar la información sobre la que nos concentramos, mientras que el compromiso activo de concentrase genera crear modelos mentales de aquello que se atiende, formulando hipótesis y procesos de apropiación de la información.

En la exploración del mundo y en el proceso de aprendizaje el cerebro tiene la capacidad de reajustar la información recibida, generar hipótesis, analizarla, evaluarla y reajustar y construir conocimiento con la llegada de nueva información. En este proceso de ajuste y reorganización de información se puede concebir al “error” como parte del proceso de aprendizaje, un reajuste de las hipótesis que se tienen con información incompleta o imprecisa que da como resultado un conflicto cognitivo al comprobar que las hipótesis que se tenían planteadas no se ajustan con la realidad o la proyección anticipada en el mapa mental.

Entender el error como parte de un proceso de aprendizaje que implica reajustar mapas mentales con la adquisición de más información y el reajuste de las hipótesis permite valorarlo como un elemento esencial e irremplazable en el proceso de aprendizaje.

Al generar conocimiento después de este proceso de atención, compromiso activo, revisión a partir del error, viene un proceso de asimilación que permite asentar y consolidar un aprendizaje. Para llevar a cabo ese proceso se requiere entender la importancia de los procesos neuro-físicos y químicos necesarios a nivel corporal para entender este momento, dado que hay que entender el proceso de aprendizaje desde una dimensión integral. En ese sentido cobra relevancia el sueño, dado que  en este estado de descanso el cerebro puede procesar la información adquirida y procesarla para posteriormente consolidar un aprendizaje.

De no haber procesos de asimilación en el proceso de aprendizaje,  la sobresaturación de procesamiento de información es contraproducente y genera desequilibrios mentales, dado que para procesar información se requiere prestar atención de manera selectiva, concentrase en esa información, explorar con las hipótesis y mapas mentales y reajustar la nueva información con el feedfack que se genera de analizar y evaluar las hipótesis para crear nuevos modelos mentales, para posteriormente asimilar la construcción de un conocimiento.

Entender la investigación científica y el funcionamiento del cerebro en los procesos cognitivos genera conocimiento que permite transformar la práctica educativa desde el entendimiento del proceso de aprendizaje.

 


Referencias

Dehaene, S. (2019). ¿ Cómo aprendemos?: Los cuatro pilares con los que la educación puede potenciar los talentos de nuestro cerebro (S. X. Editores (ed.); Siglo XXI).

 

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