Marco Alan Sánchez Silva
Parte II. ¿Cómo aprende nuestro cerebro?
En la parte II del libro de Dehaene (2019) “¿Cómo aprendemos?: Los cuatro pilares
con los que la educación puede potenciar los talentos de nuestro cerebro” se plantea el debate acerca de si las capacidades que tiene
el ser humano son innatas o adquiridas, inclinándose por argumentar que poseemos
un sistema de configuraciones predeterminadas o innatas para el aprendizaje,
que conforme crece un ser humano va afinando, interiorizando y desarrollando
con la realidad que percibe. Al respecto Stanislas menciona que el aprendizaje
es más eficaz cuando existen hipótesis que puedan ser ajustadas con los datos
que se reciben del mundo exterior, existiendo modelos generativos internos y
algoritmos que ajustan esos modelos a la realidad.
El autor niega que los seres humanos nacen como
una Tabula rasa o mente vacía, haciendo énfasis en las analogías de la informática
y la manera en cómo las máquinas procesan la información, siendo que estas
vienen configuradas con un sistema operativo que procesa datos e información y
los transforma en aplicaciones funcionales o programas de videojuegos. Algo
semejante sucede con los recién nacidos que ya poseen amplios saberes heredados
de su historia evolutiva, que les permiten explorar, hacer hipótesis y replantear
hipótesis para descubrir lo que es físicamente posible o probable en su
entorno.
Se ha estudiado que los seres humanos, desde
una edad temprana demuestran poseer el “sentido del número”, a partir de
experimentos controlados que indican que los bebés tienen la capacidad de
reconocer de manera intuitiva un número aproximativo sin contar, de lo que se ha
concluido que la aritmética es una competencia innata que la evolución ha otorgado
a varias especies, incluyendo la humana, esto debido a la identificación de “neuronas
numéricas” que son sensibles a cantidades específicas de objetos.
Stanislas (2019) citando a Spelke considera que los conceptos de objeto y de número son características fundamentales del pensamiento que forman parte del “núcleo de conocimientos” con los que se llega al mundo.
Desde el nacimiento existe una lógica intuitiva
que se ve de manifiesto en las reacciones de sorpresa de los niños al observar
acontecimientos improbables, que refleja que el cerebro es capaz de hacer
cálculos de probabilidades desde temprana edad, manifestando así que, aunque el
análisis probabilístico intuitivo no es infalible existe en los seres humanos
incluso antes de abstraer la noción de número.
Referencias
Dehaene, S. (2019). ¿Cómo aprendemos?: Los cuatro pilares
con los que la educación puede potenciar los talentos de nuestro cerebro. Siglo XXI Editores.
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