Libro. ¿Cómo aprendemos? Cap. 1 y Cap. 2
Karla Patricia López Mandujano
En el
capítulo 1. ¿Cómo aprendemos? Dehaene (2019) señala que aprendemos a través de
representaciones mentales dentro de un mundo interior y amplio que se le
denomina cerebro. “Es innegable que este aprendizaje es un poco particular,
porque no requiere ajustar más que un solo parámetro: el ángulo de visión. Por
este motivo es tan rápido”. Por tal motivo, el cerebro se construye por una
variedad de modelos y parámetros de aprendizajes, todos basados de lo que se
percibe en el mundo exterior y la capacidad de corregir lo que aprendemos.
Entendiendo
que el aprendizaje es ajustar los parámetros de los modelos mentales. Desde las
cuestiones filosóficas, psicológicas y lingüísticas, la adquisición del
aprendizaje de la lengua materna refleja cuando el bebé aprende categorías
pertenecientes a su lengua materna, esto permite que construya sus estructuras
mentales para comunicarse a través de sus entornos culturales. Es decir, no es
lo mismo que un bebé japonés aprenda sonidos que excluyen la /r/ y /l/, o bien,
un bebé mexicano aprenda diferentes tonalidades de las vocales. “La
decodificación de los sonidos y los morfemas de las palabras. Y en distinta
proporción todas las escrituras del mundo recurren a estas dos vías de la
lectura: la escritura del sonido (que sigue la línea de las correspondencias
entre los signos escritos y los sonidos), y el pasaje de la escritura al
significado…” (Dehaene, 2015, p.27).
Desde
la lingüística, la teoría saussureana propone que el concepto del signo es su
expresión y la significación es un valor. Por ejemplo, cada individuo al pensar
el signo de “árbol” imagina diferentes significados, cada uno definirá la
forma, color e imagen mental que tenga sobre el “árbol”. Aunado a ello, la
teoría de los estructuralistas aclara que, en la gramática, la organización de
los grafemas es distintos, esto se relaciona a lo que menciona Stanislas
Dehaene en que los niños japones aprenden el orden del núcleo verbal a
diferencia de los niños mexicanos, alemanes, italianos, etc. Por lo que, las
estructuras mentales de la adquisición de la lengua materna se definen de
acuerdo a los contextos culturales.
Los
parámetros de nuestro cerebro son casi infinitos, esto genera que las lenguas
aprovechen estos espacios para generar diferentes posibilidades de
combinaciones. “Millones de neuronas hacen el mismo trabajo en diferentes
puntos de la retina, y sus outputs se convierten en los inputs del nivel
siguiente, que entonces detectará “regularidades de regularidades”, y así
sucesivamente”. De esta manera, el cerebro presenta diferentes niveles que hace
que el aprendizaje parta de lo simple a los más completo.
Entendiendo
que el cerebro presenta niveles de complejidad y parámetros casi infinitos para
decodificar la información. A lo largo de los años, la inteligencia artificial
ha evolucionado a partir de las capacidades que presenta la mente. Por ejemplo,
los algoritmos informáticos son “neuronas artificiales” que ejecutan la misma
decodificación de la información al igual que el cerebro. Según el investigador
“el algoritmo recibe como input, en forma de píxeles, la imagen de un carácter
escrito y propone, como output, una interpretación tentativa”. Sin embargo, la
problemática de los algoritmos es que no reconoce errores en el sistema, por lo
que los informáticos implementan información al azar para que la inteligencia
artificial sea eficiente en estos casos. Por lo que es impresionante que el
cerebro humano por sí mismo tenga capacidades que aún la inteligencia
artificial no ha podido alcanzar.
En
continuación con el tema, en el capítulo 2 el autor Stanislas Dehaene argumenta
que el cerebro aprende mejor que las máquinas artificiales, esto se debe al
nivel de conciencia que pueden desarrollar nuestro cerebro. “Logra jerarquizar
la información con gran velocidad y, cuando es posible, extrae de ella
principios generales, lógicos y explícitos”. Una característica que refleja la
conciencia del cerebro es el aprendizaje de la información abstracta, así como
la conciencia de reformular y terminar la decodificación de la información. Por
ejemplo, en una investigación sobre el uso semántico de niños lectores, se
evaluó en qué medida “usan el contexto semántico para establecer procesos predictivos
y de anticipación durante el reconocimiento visual de palabras dentro de una
oración” (López M.K., Ríos B. J., Pérez A., Carrasco A., 2020, p.51). Esto demostraba la capacidad de velocidad que
los estudiantes de secundaria procesaban las formas ortográficas a través de
estructuras mentales. En correspondencia
con el autor, de “la capacidad de utilizar metarreglas parece demandar una
buena dosis de inteligencia”.
En
conclusión, los estudios sobre el cerebro siguen siendo arduos y abastecidos
para que la inteligencia artificial avance a partir de las estructuras mentales
sobre el infinito aprendizaje. En el ámbito educativo, es imposible definir el
aprendizaje como algo homogéneo, con estructuras rigurosas. Por lo tanto, el
docente debe ampliar las estrategias de enseñanza, ya que el alumno aprende de
diferentes experiencias.
Referencias
López
M.K., Ríos B. J., Pérez A., Carrasco A. (2020). Uso del contexto semántico en
el reconocimiento visual de las palabras de los niños lectores. Revista Estudios
de Lingüística Aplicada. ENALLI. Año 39, núm. 72.
Stanislas
Dehaene (2019). ¿Cómo aprendemos? Editorial Siglo Veintiuno.
Stanislas
Dehaene (2015). Aprender a leer. De las ciencias cognitivas al aula. Editorial Siglo Veintiuno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario